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A primera vista parece absurdo abordar una temática sobre dos teologías tan
distantes en el tiempo y tan diferentes en sus presupuestos teológicos. Quizás, se ha de
reconocer primero que la importancia del tema está precisamente en las grandes diferencias
que ambas teologías muestran. Es comprensible también la objeción de alguien que
discrepe con un estudio de la teología de la prosperidad de cara a la teología de la gracia, y
no de las teologías contextuales y de liberación, que tanto cuestionaron la inoperancia
histórica de la teología cristiana clásica, con todo su eje central de la gracia.
El contexto en el que se elige este tema, -teología de la gracia-teología de la
prosperidad-, demanda acentuar no tanto corrientes teológicas, por nuevas o antiguas que
sean, sino la ausencia de la gracia en tiempos cuando todo adquiere un significado material.
La teología de la gracia, y la teología clásica en general, se ha devaluado tanto que han
perdido su significancia original y en consecuencia, su relevancia actual. Claro está que
hablar de crisis en la teología, cualquiera que sea, no equivale a afirmar la “crisis de Dios”
o de la gracia de Dios. La crisis y muerte de las teologías presupone más bien una gran
oportunidad para redescubrir a Dios.
A primera vista parece absurdo abordar una temática sobre dos teologías tan distantes en el tiempo y tan diferentes en sus presupuestos teológicos. Quizás, se ha de reconocer primero que la importancia del tema está precisamente en las grandes diferencias que ambas teologías muestran. Es comprensible también la objeción de alguien que discrepe con un estudio de la teología de la prosperidad de cara a la teología de la gracia, y no de las teologías contextuales y de liberación, que tanto cuestionaron la inoperancia histórica de la teología cristiana clásica, con todo su eje central de la gracia.
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